¡Una ballena en el Támesis!

Ana Lucía González
BBC Mundo

Una ballena de cinco metros de largo se perdió por el camino y terminó en pleno centro de la capital británica, convirtiéndose en el tema de las primeras planas de los diarios y los noticieros.

El cetáceo, de la variedad "nariz de botella", generalmente nada en las aguas profundas del norte del Océano Atlántico, pero en la mañana del viernes fue vista nadando frente al Big Ben.

Durante horas, equipos de rescate hicieron todo lo posible para que la ballena regresara al mar sin quedarse varada en las poco profundas riberas del río.

Cientos de londinenses se agruparon en ambos lados del río, para ser testigos directos del evento.

Yo me uní a la multitud que se agrupó entre los puentes de Albert y Battersea en las horas de la tarde.

La pude ver varias veces anunciando su presencia con un pequeño chorro de agua; una bandada de gaviotas la sobrevolaba.

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BALLENA NARIZ DE BOTELLA
Nombre científico: hyperoodon ampullatus
Longitud (adulta): 7-10 metros
Peso: de 6 a 7 toneladas
Hábitat: Océano Ártico y norte del Atlántico (aguas profundas)
Riesgo de extinción: bajo, protegida desde 1977

Entre la multitud había decenas de fotógrafos profesionales con zooms gigantes, de esos que generalmente se utilizan para perseguir a las celebridades.

"¿Eres fotógrafo de la naturaleza?", le pregunté a uno de ellos. "No, esta mañana estaba fotografiando a la modelo Jodie Marsh".

Y tras los fotógrafos, los periodistas espontáneos que utilizaban las cámaras de sus teléfonos celulares para capturar el momento exacto en el que la aparición de una ballena rompió su rutina diaria.

Otros transmitían la situación a sus amigos y familiares por el teléfono, minuto a minuto.

Preocupación

Una señora que llegó allí acompañada con un perro me explicó la razón detrás de la conmoción.

"Así somos los ingleses, todos nos interesamos mucho si vemos a un animal en problemas".

Otro curioso me explica que, con el aumento de las temperaturas del agua, no es raro que los animales se desorienten y terminen perdidos en plena ciudad.

Me dice que, en los últimos años, se han visto pasar por Londres delfines, focas y marsopas.

No sé si la ballena sea una víctima del calentamiento global, pero como muchos londinenses, me encontré a mí misma siguiendo su viaje y esperando que regresara al mar.