"Escuchando a Ingrid, me acordé de todo"
Redacción BBC Mundo

Cuando salí lo único que quería era llorar, llorar y desahogarme. Y luego hacer la llamada a la familia. Cómo será que hoy, escuchando lo de Ingrid, lloré. Me acordaba de todo. Se me erizó la piel

BBC Mundo conversó con un lector colombiano, del departamento del Valle del Cauca, que pasó por una experiencia similar a la de Ingrid Betancourt y los demás rehenes rescatados.

Durante un mes nuestro lector estuvo secuestrado por las rebeldes Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pero fue liberado después de que su familia pagara un rescate.

Por motivos de seguridad, prefirió mantener su nombre en el anonimato.

"Lo que se siente al salir liberado es indescriptible, cuando salí lo único que quería era llorar, llorar y desahogarme. Y luego hacer la llamada a la familia. Cómo será que hoy, escuchando lo de Ingrid, lloré. Me acordaba de todo. Se me erizó la piel", dijo.

Éste es su testimonio:

Fuimos secuestrados hace cuatro años por el frente 37 de las FARC, en el departamento de Sucre, en el norte del país.

Transitábamos en la carretera de Barranquilla al Valle del Cauca y en un paraje los guerrilleros tenían parado todo el tránsito. Habían atravesado un bus e iban escogiendo a las personas al azar, "usted se queda, usted se queda". Decían que necesitaban financiarse y que como los "peces gordos", los políticos, no pasaban por ahí, tenían que coger a cualquiera.

Yo conté a 22 personas que bajaron de diferentes carros. Yo iba con un ingeniero, íbamos a ver unos cultivos de papaya, porque yo trabajaba en ese entonces en una empresa de agricultura. Nos hicieron bajar del carro, nos pusieron en fila y nos sacaron hacia el monte.

Decían que necesitaban financiarse y que como los "peces gordos", los políticos, no pasaban por ahí, tenían que coger a cualquiera
Transcurrieron 15 minutos cuando se vio una bengala del ejército y empezaron a disparar. Dejaron en la retaguardia a guerrilleros para que repelieran a los soldados mientras nos sacaban a nosotros. Nos hicieron caminar toda la noche y llegamos a un paraje solitario, nos tenían en un cambuche (carpa de plástico) armado en el piso.

No nos hablaron más hasta el siguiente día, que nos presentaron al comandante y nos hicieron pasar por parejas para entrevistarnos con él. Y ahí vino la solicitud de plata. Miran el tipo de persona y cuánto tiene. Nos pasaban el celular para que llamáramos a los familiares. Y ya se entrevistaban con ellos. Nos separaron a los 12 que valíamos más plata.

Nos mantenían moviéndonos de un lado a otro, agachados, arrastrándonos para que no nos viera el ejército y todo el tiempo con el miedo de que en cualquier momento la vida llega a su fin
Estuvimos con la misma ropa todos esos días, tomando agua de pozo, sin bañarnos. Eso es un desierto, no hay cañadas, no hay ríos. La comida era precaria. Nos mantenían moviéndonos de un lado a otro, agachados, arrastrándonos para que no nos viera el ejército y todo el tiempo con el miedo de que en cualquier momento la vida llega a su fin.

El temor es que sobrevolaban los helicópteros del ejército, y los guerrilleros tenían los proyectiles listos, tenían lanzagranadas, y decían, "si nos disparan ellos, nosotros les disparamos". Y nosotros estábamos allí, en un cambuche, agachados. A uno se le pasa la película de la vida en un momento. Es una zozobra, es duro.

Nosotros no éramos ningún político y ése era el temor de uno, que en cualquier momento nos mataban y nos dejaban allí, disfrazados de guerrillero
Uno está allí y piensa en la familia, en lo que hizo, en lo que dejó de hacer. Uno se siente humillado, se frenan todos los proyectos de uno y en cualquier momento nos pueden matar. Nosotros no éramos ningún político y ése era el temor de uno, que en cualquier momento nos mataban y nos dejaban allí, disfrazados de guerrillero.

Hicieron la negociación con mi familia y después que pagaron por mí y el ingeniero unos US$50.000 me entregaron en un paraje por allá. Mi familia y la del ingeniero se concentraron en la empresa. Yo tenía mi esposa y dos hijos, y toda mi familia se juntó para buscar el dinero.

Lo que se siente al salir liberado es indescriptible, cuando salí lo único que quería era llorar, llorar y desahogarme. Y luego hacer la llamada a la familia. Cómo será que hoy, escuchando lo de Ingrid, lloré. Me acordaba de todo. Se me erizó la piel.

Yo apoyo 100% al presidente en lo que está haciendo, arrinconándolos hasta que lleguen a una negociación
Sentí alegría de ver a Ingrid así. Bienvenidos a la vida. Porque es que cuando usted está allá lo suyo no vale nada. Uno entra y no sabe si va a salir vivo o muerto. Es prácticamente llegar a morir.

Los guerrilleros tienen una parte humana también, hay unos que están ahí por obligación, otros porque están huyendo de otros grupos, otros porque tienen ideales.

Yo apoyo 100% al presidente en lo que está haciendo, arrinconándolos hasta que lleguen a una negociación.

A los familiares de otros secuestrados, les digo que ante todo se llenen de paciencia, que tengan confianza en el gobierno y en las fuerzas militares, porque son los únicos que pueden hacer algo. Y que no pierdan la esperanza.

Yo en este momento busco asilo, porque recibí amenazas. Todo eso está en la fiscalía. Uno queda en las bases de datos de ellos, y por eso trato de salir de Colombia.

¿Le afecta directamente la liberación de Betancourt y los otros ex rehenes de las FARC?

¿Conoce a alguno de los rescatados?

¿Tiene algún familiar o conocido secuestrado por las FARC? Si es así, envíenos su testimonio utilizando el siguiente formulario.

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