La propuesta, que ya fue aprobada en la Cámara de Representantes la semana pasada, también contempla convertir en delito la entrada al país sin documentos y penalizar a las personas que los emplean.
El proyecto será debatido en el Senado estadounidense en febrero próximo.
El presidente Vicente Fox calificó el proyecto de ley de inmigración de "vergonzoso".
Su opinión fue reforzada por su ministro de Relaciones Exteriores que la llamó "una idea estúpida".
Luís Ernesto Dérbez prometió que hará lo que sea necesario para impedir que se apruebe la propuesta, mientras que el Congreso mexicano la declaró racista.
El gobierno mexicano anunció que organizará una campaña de presión internacional en contra de la medida. Una empresa de relaciones públicas estadounidense fue contratada para que haga "lobby" en EE.UU.
Retroceso histórico
Unos ocho millones de mexicanos viven en Estados Unidos y se calcula que la mitad de ellos son indocumentados.
La organización Amnistía Internacional dijo que la extensión del muro sería un retroceso histórico en materia de derechos humanos.
En un editorial, el diario estadounidense "The New York Times" calificó el proyecto de "xenófobo" y "miope".
Sin embargo, en México algunos observadores, como la ex asesora del ex presidente de EE.UU. Bill Clinton, Ana María Salazar, indican que en un año electoral, la propuesta provocará un debate muy necesario en el país.
"Si algo bueno surge de esto es que obligará a los candidatos presidenciales a proponer una plataforma que no prometa un acuerdo de inmigración con Estados Unidos", expresó Salazar.
Agregó que se tendrán que buscar nuevas estrategias para que "los mexicanos se puedan quedar en México y ser empleados en México".
Para el presidente Fox, esto es sumamente bochornoso. Asumió el poder hace cinco años prometiendo un acuerdo de inmigración como parte de una relación más estrecha con Estados Unidos.
En cambio, a medida en que se acerca el fin de su mandato, una barrera aún más grande se levanta entre los dos países.