Un nuevo procesamiento judicial, esta vez por el asesinato de tres opositores políticos en el marco de la llamada "Operación Colombo", que en total costó la vida a 119 disidentes, amargó la víspera del cumpleaños del general Augusto Pinochet y le significó quedar de nuevo bajo arresto domiciliario, en su casa de La Dehesa, en Santiago, donde conmemorará este viernes sus 90 años.
Según versiones de prensa, su familia le había organizado una celebración privada, con un centenar de invitados y no se descartaba la presencia de mariachis que podrían interpretar "El rey", una de sus canciones favoritas.
Pero la resolución del juez Víctor Montiglio, que investiga la "Operación Colombo", se conoció durante la tarde del jueves. Y se suma al procesamiento determinado esta semana por el juez Carlos Cerda, que investiga las cuentas secretas de Pinochet en el Banco Riggs de Estados Unidos.
En este contexto, Pinochet estará obligado a quedarse en su casa, a pesar de la libertad bajo fianza que había conseguido en el caso Riggs, y todavía no se confirma si la fiesta se llevará a cabo.
Este arresto domiciliario contrasta con aquellos años en que Pinochet fue la cabeza del Poder Ejecutivo y, al mismo tiempo, Comandante en Jefe del Ejército, entre 1973 y marzo de 1990. Por entonces era frecuente que una banda militar tocara, en la puerta de su casa, alguna de sus marchas europeas favoritas, mientras los jefes y oficiales de las otras Fuerzas Armadas, funcionarios civiles de su gobierno, empresarios y algunos periodistas llegaban a abrazarlo delante de las cámaras de televisión.
Luego, durante la transición democrática, Pinochet conservó el cargo de Comandante en Jefe del Ejército hasta 1998 y su cumpleaños siguió siendo una jornada importante para sus compañeros de armas.
A fines de 1998 fue detenido en Londres, donde pasó dos cumpleaños, hasta que, por razones humanitarias, se le permitió regresar a Chile.
"Mochila insostenible"
Ya de vuelta en Chile, Pinochet enfrentó las investigaciones del juez Juan Guzmán por crímenes cometidos durante el régimen militar y en 2001, durante un almuerzo de cumpleaños en su finca de Bucalemu, debió abandonar la mesa y retirarse a descansar porque no se sentía bien.
El de hoy será, en términos políticos, probablemente su cumpleaños más solitario. Razones hay varias. Según dijo a la BBC el analista y académico Paulo Hidalgo, el hecho de que sus partidarios hayan tomado distancia de él durante las dos últimas campañas presidenciales (la de 1999 y la de este año) se debe a que "la propia derecha se da cuenta que Pinochet es una carga, simplemente una mochila insostenible, que no le permite vivir en una política competitiva, abierta, democrática. Y de eso se dio cuenta hace bastante tiempo".
Por eso, comenta el analista, "si hacemos un breve examen de las campañas electorales, de las posiciones de los actores, de lo que piensa la derecha, lo que ha hecho la derecha, sistemáticamente, es despegarse de la figura de Pinochet". Hidalgo cree que todavía esta figura, "simbólicamente, le pesa mucho" a este sector político.
Paulo Hidalgo destaca que el caso Pinochet, aunque ausente del debate electoral, "es un tema ya juzgado en la opinión pública", tanto en materia de violaciones a los derechos humanos como en materia de los delitos económicos que se le imputan.
Fundación Pinochet
La Fundación Pinochet, creada hace 10 años, ha dado instrucciones a sus filiales en todo el país para que la celebración del cumpleaños del ex gobernante sea "un asunto muy privado", según dijo recientemente a la prensa el director ejecutivo de la institución, general en retiro Luis Cortés Villa.
Según Cortés Villa, el presidente de la fundación, el empresario Hernán Briones, por estos días se encuentra enfermo. Esta circunstancia, sumada a la salud de Pinochet y al "delicado instante judicial" llevaron a los directivos a optar por celebraciones privadas.
La fundación tiene un directorio de 12 personas, conformado por empresarios y ex ministros del régimen militar.
En cuanto a los manifestantes callejeros, el año pasado se congregaron frente al domicilio de Pinochet apenas diez personas. Más tarde llegó un bus repleto de adherentes. Esas visitas y los saludos privados de familiares y algunos ex colaboradores marcaron aquella jornada.