¿Sobrevivencia del más apto?

Harold Evans
Del programa "Punto de Vista" de la BBC

Después de tantos años de darwinismo social, el huracán Katrina podría revivir el apetito de la población estadounidense por la compasión gubernamental.

Se necesita mucho para sacudir a Estados Unidos hasta sus cimientos, el 11-S lo hizo hace cuatro años, la guerra en Irak no lo ha logrado aún.

Hace 70 años el satírico Eric Linklater dijo en su novela Don Juan que la vida en EE.UU. estaba repartida en un área tan vasta que podrían ocurrir cualquier cantidad de interludios siniestros sin alterar el equilibrio nacional.

El huracán Katrina es uno de esos raros interludios que sí alteran el equilibrio antes mencionado. Si el 11-S enojó a los estadounidenses, la situación en que quedó Nueva Orleans los llevó más allá. En diferentes grados, la población está enojada, avergonzada y temerosa.

Enojada ante la incompetencia y el deslinde de responsabilidades entre las autoridades locales, estatales y federales; avergonzada ante las imágenes de una clase negra empobrecida y abandonada; y temerosa al ver que el país no está preparado para enfrentarse a las posibles consecuencias de un ataque terrorista a gran escala.

Habrá mucho que pagar por Katrina.

Desde mi punto de vista el huracán tendrá un impacto tan traumático sobre EE.UU. como la depresión de los años 30. Dicha catástrofe iniciada en 1929 resultó en dos décadas de gobiernos del partido Demócrata y aún más: revirtió el darwinismo social del libre mercado aplicado por ambos partidos en los 150 años anteriores.

Selección natural

La lección que debe ser impuesta constantemente es que aunque el pueblo apoye al gobierno, el gobierno no debe apoyar al pueblo
Presidente Grover Cleveland en 1877
El darwinismo social fue una doctrina del individualismo inventada en el siglo XIX en Inglaterra por el filósofo Herbert Spencer. Muy amigo de Charles Darwin, fue Spencer el que acuñó la frase "la sobrevivencia del más apto" y lo hizo nueve años antes de que Darwin publicara su Origen de las Especies .

Esta doctrina nunca se infiltró en la política británica con la fuerza con que lo hizo en la estadounidense, donde fue propagada en forma brillante por William Graham Sumner, un experto en debates de la Universidad de Yale.

Argumentaba que las intervenciones del gobierno para regular la vivienda, la salud pública, las fábricas y demás eran equivocadas. Su opinión era que todas esas reglas impedían la libre empresa, que a su vez era la creadora de la riqueza.

Sumner teorizaba que la humanidad progresa solamente por la "incesante desaparición del débil a manos del más fuerte".

Políticos de todos los colores se mostraron de acuerdo. Grover Cleveland, un presidente demócrata, llegó al paroxismo de la filosofía con su célebre afirmación de 1877.

Tras serle solicitada ayuda federal para granjeros de Texas afectados por una intensa sequía respondió: "No creo que el poder y los servicios del gobierno general deban ser extendidos hacia el alivio del sufrimiento individual (...) La lección que debe ser impuesta constantemente es que aunque el pueblo apoye al gobierno, el gobierno no debe apoyar al pueblo".

Esta actitud nunca desapareció del todo y quizá nunca lo haga. Su atractivo es enorme no sólo para los económicamente poderosos con una fe inquebrantable en el mercado, sino también para los idealistas románticos del individualismo de Thomas Jefferson.

El darwinismo social siempre ha estado en la psiquis estadounidense. Ronald Reagan dijo en los años 80 que "el gobierno no es la solución a nuestro problema, el gobierno es el problema".

La agenda de George W. Bush para su reelección era de impuestos bajos y un gobierno reducido.

El día del juicio

(La población está) avergonzada ante las imágenes de una clase negra empobrecida y abandonada
En mi opinión el darwinismo social va a desaparecer bajo las aguas tóxicas de Nueva Orleans. Los cuerpos flotando son una imagen demasiado impactante para cualquier estadounidense. Seguramente mirarán al gobierno otra vez como una fuente de vigor y compasión, incluso al precio de impuestos más elevados.

Antes de Katrina el peor desastre natural fue una inundación del río Mississippi en 1927. El presidente republicano Calvin Coolidge se negó incluso a que el Congreso votara un fondo de emergencia.

Quien sí hizo algo fue Herbert Hoover, entonces secretario de Comercio. Sus esfuerzos, su inmersión literal en las aguas de la inundación, le valieron la nominación republicana y la Presidencia.

Pero Hoover es casi una mala palabra en los libros de historia. ¿Por qué? Porque enfrentado al desafío mayor que implicaba la depresión y el desempleo de 13 millones de personas, se negó a aceptar los deberes del gobierno en el alivio del sufrimiento individual.

Creía que las depresiones económicas debían seguir su curso al igual que los desastres naturales, aliviadas por la compasión de actos voluntarios y el mundo de los negocios.

Pero la crisis afectó a demasiada gente para hacerlo posible, algo que Hoover no supo ver.

Bush, al igual que Hoover, ha encontrado difícil el enfrentarse a la realidad. Dijo por ejemplo que nadie podía esperar que los diques de contención se rompieran, ignorando así decenas de advertencias de informes oficiales, publicaciones científicas y periódicos.

El darwinismo social no pudo seguir en los tiempos de Hoover, su sucesor, Franklin Delano Roosevelt estableció los cimientos del estado de bienestar. De la reafirmación del compromiso de EE.UU. con las masas, ávidas por tener una parte del gran sueño americano.