La huelga de hambre de los reclusos en la base naval estadounidense de Guantánamo en Cuba ha ingresado a su segundo mes.
Informes del ejército estadounidense confirmaron que la huelga se inició el 8 de agosto pasado y que 87 prisioneros se rehúsan a recibir alimentos. Diez de ellos están siendo alimentados a través de sondas nasales.
Sin embargo, el Centro para los Derechos Constitucionales (CDC), que representa legalmente a algunos de los internos, alega que son alrededor de 200 los participantes en la huelga de hambre.
El CDC indicó que las huelgas de hambre de los prisioneros, iniciadas desde hace tres años, se han agravado con el tiempo.
Al inicio dejaban de tomar desayuno, o almuerzo, pero hoy se niegan a ingerir cualquier alimento en protesta por la detención indefinidida, sin derecho a juicio, de la que son víctimas.
Gita Gutierrez, abogada del Centro para los Derechos Constitucionales, dijo que "los internos nos han asegurado que están dispuestos a seguir con esta huelga hasta recibir una audiencia o morir de hambre en el intento. Es increíble que esto esté sucediendo en una prisión bajo la tutela del gobierno de Estados Unidos".
Esta es la segunda huelga de hambre en Guantánamo desde junio de este año.
Situación "desesperante"
Clive Stafford-Smith, abogado defensor de 40 detenidos en Guantánamo, dijo al diario británico "The Guardian" que muchos hombres se están "matando de hambre" hace cuatro semanas y la situación es "desesperante".
"Estoy preocupado por la vida de mis chicos porque se trata de un grupo muy obstinado, van a seguir a seguir con esto y creo que terminarán muriéndose"
Stafford también denunció que Estados Unidos estaba intentando quitarle gravedad al asunto.
Por su parte, el CDC dio a conocer que los detenidos en Guantánamo tienen muy poco acceso a sus abogados y que en el último tiempo el Departamento de Defensa estadounidense se ha mostrado reacio a que los abogados se reúnan con internos que toman parte en la huelga de hambre.
La mayoría, de los más de 500 presos en Guantánamo, no han sido acusados formalmente, ni se ha fijado una fecha para su juicio, pese a que muchos de ellos llevan detenidos casi cuatro años, desde el comienzo de la campaña militar de EE.UU en Afganistán.